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Shishilo

por Heraldo
sábado, 24 de septiembre del 2011 a las 22:25
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 TAGS:       Uno de los acontecimientos editoriales del 2009 en Santiago del Estero fue la edición de "Shishilo" de Dante Cayetano Fiorentino. Bajo este título, se reunieron relatos y unas cuantas poesías que pertenecían a libros anteriores del autor, el "Shishilo" original (1988), "Cara de nadie" (1994) y algún otro texto rescatado del olvido. Lo bueno de este libro es que posibilita la lectura de obras que estaban agotadas y que a pesar de ello seguían despertando interés y teniendo demanda. Esto se debe seguramente a que este escritor es un clásico, con todas las letras.

      Ahora bien, dicha edición permite algunas reflexiones, alguna un tanto amarga, como enfrentarnos con el hecho de que Fiorentino no ha presentado nuevas producciones literarias desde hace varios años, y debemos "conformarnos" (limitada palabra en este caso) con las ya conocidas, que, como todo clásico, resisten el paso del tiempo y siempre se releen como si fueran nuevas. Y en algunas ocasiones hasta se puede gozar de la experiencia de encontrar a Fiorentino en persona en algún encuentro literario y escucharlo leer sus propios textos. Es como presenciar una leyenda viviente. Los que hacemos "El Unicornio" estuvimos, por ejemplo, en las lecturas públicas que hizo de "El apodo", en uno de los "tés literarios" organizados durante el 2010 por la escritora Krasiah Alawad en la Casa del Inmigrante, y de una adaptación suya de "Los terrones", hecha para un encuentro de autores de microrrelatos en Casa Castro, convocados por la FIE (Fundación para la Innovación Educativa) en julio de este año.

      Por otro lado, esta reedición nos hace especular cómo serían esas nuevas narraciones, si siguiera escribiendo y publicando. ¿Escribiría sobre la ciudad? Imaginamos cómo sería la ciudad retratada con esa agudeza con que pintó el Santiago rural o pueblerino. Es probable que, como en el mencionado "El apodo", cuyo protagonista es un barrendero que limpia el empedrado de la vieja avenida Roca, su mirada se siguiera centrando en los marginados. Teniendo en cuenta esto, no sería exagerado emparentar su narrativa con la de otro clásico santiagueño, Jorge Wáshington Ábalos (creador también de un personaje de tal espesor, Shunko, que su nombre compite en notoriedad con el de su propio autor) (1) y aun podríamos incluir en la misma línea a Clementina Rosa Quenel.

      La reedición del viejo material (en el que advertimos algunos retoques con respecto al original) también nos hace pensar que esta circunstancia no es más que un síntoma del agotamiento de una forma de narrar, eminentemente realista, regionalista, con rasgos propios del criollismo.(2) El hecho de que Fiorentino pareciera no escribir más, también lo demostraría. Y si bien es indudable que aún se pueden encontrar relatos regionalistas, ya que todavía se producen, estos no logran alcanzar la dimensión que alcanzaron en Fiorentino. Es como si él ya lo hubiera dicho todo, ya hubiese agotado una temática y una forma expresiva, y los demás estuvieran repitiéndolo innecesariamente, desprovistos de su encanto, o al menos del encanto de una visión diferente (o personal) de las cosas.(3)

      En este sentido, cobran un significado especial las palabras de una de las tres poesías incluidas en este volumen: "¡Despierta Santiago!" Si bien, uno las lee como un lamento, y supone que fueron escritas como resultado de la desilusión de alguien que había observado la riqueza potencial de un Santiago nunca adecuadamente desarrollada, se ve tentado a darle una lectura especial: una alusión a ese mismo agotamiento en el discurso literario, que mencionábamos, a la necesidad de abandonar el paisajismo hueco, mecánico, el regodeo en el pintoresquismo que puede conducir al peligro de consagrar demasiado lo viejo, de quedarse en lo superficial y generar un estancamiento mortal para la literatura local misma. "¡Basta de salitrales y de pencas!" ruega Fiorentino.

      Probablemente lo que vuelva eternos a sus relatos sea su estructura abierta, en la que el lector no queda afuera como en el relato tradicional.(4) El lector de la antología "Shishilo" no es un lector pasivo, ni su narrador es paternalista. Si bien éste define con gran precisión las características físicas y psicológicas de los personajes, el lector habrá de completar esa descripción con su propia observación, tendrá que hacer su aporte y convertirse en co-autor. En "El padre" a pesar de la caracterización que hace el narrador personaje, no quedan en absoluto completos los retratos del padre ni del hijo. Tampoco queda completa su historia, que excede los límites materiales del relato: el lector debe hacer una operación de inferencia y reconstruir dicha historia a partir de las palabras de un personaje alcoholizado, y las actitudes desplegadas en el silencio por el otro.

      Precisamente "El padre" es un óptimo ejemplo para observar que los relatos de Fiorentino tienen rasgos (inesperados, si se quiere) de modernidad (lo moderno entendido como opuesto a lo tradicional) que posibilitan la mencionada participación del lector. El comienzo es abrupto, con el parlamento de uno de los personajes. El final es abierto y rehuye a la sentencia, la moralina o el didactismo. NO hay una palabra final del narrador. El tiempo es impreciso. El lugar también es impreciso, apenas se hacen las referencias mínimas necesarias para ubicarnos en un espacio. El narrador es un personaje más, está sentado a una mesa con el padre, bebiendo, y por lo tanto su "autoridad" narrativa es relativa. La estructura no responde a la organización clásica de introducción-nudo-desenlace.

      Y precisamente con respecto a la estructura, es significativa la organización de los textos en este nuevo libro. Se inicia con el cuento que le da título, el más conocido (y reconocido) del escritor, y es de suponer que por esta causa es el primero de la antología. Tan solo el primer párrafo ya nos dice mucho acerca de la literatura de Fiorentino:

"Sentado bajo un algarrobo, a la hora de la siesta lloraba el niño, haciendo con el dedo índice un pocito en la tierra. Las lágrimas le dejaban huellas de "cancha" en el rostro mugriento."

      Ahí están los elementos que definen el referente espacio-temporal, reducidos al mínimo indispensable: el algarrobo, tan caro a la literatura santiagueña tradicional (prácticamente un ícono), el quichua (presente en la palabra cancha que Fiorentino se encarga de destacar), la siesta, la proverbial siesta santiagueña, y por supuesto la tierra (infaltable en la mencionada línea criollista). El llanto es a su vez ejemplo de la emotividad que atraviesa los relatos, a pesar de su objetividad "científica" muchas veces dura e impiadosa; y también es muestra de lo habitual de unos personajes sufridos, entre los cuales predominan los niños o púberes: el propio Shishilo, Juan ("Juan Amor"), Palmiro ("Por hereje"), Elpidio ("Don Chaparro"), Nicasio ("Cara de nadie"), Ramón ("El oso"), Toño ("Toño, el víbora"), María ("El mejor regalo"), Damián ("El regalo del niño dios") Vicente y Raúl ("Los terrones").

      La mencionada preeminencia de personajes infantiles o adolescentes, muchos dotados de crueldad ("El apodo", "Pastor Urrejola") es muy llamativa. Es posible que tenga que ver con la circunstancia de que los cuentos fueron escritos cuando Fiorentino ya estaba en la ciudad, cuando ya era adulto, y su evocación de la vida rural y pueblerina adquiera casi inevitablemente la perspectiva infantil o juvenil con que alguna vez percibió esos ambientes. También nos tienta a interpretar como una pintura de un Santiago inmaduro, imagen que se conecta con aquella del "¡despierta, Santiago!" del poema que cierra el libro.

      Los cuentos están distribuidos en tres secciones: la primera es la más larga, y la segunda ("Cuentos de Navidad") y la tercera ("Leyendas") apenas tienen justificativo, dado que los pocos cuentos que las integran mantienen el mismo estilo de los de la primera sección (sólo "Pacto" y "Metamorfosis" se diferencian por la inclusión de lo sobrenatural).

      "Los perros salvajes", cierre de la primera sección, refiere una anécdota sencilla, la de los perros abandonados por sus dueños cuando deben emigrar por trabajo, y es casi un relato de terror. En el libro "Shishilo" prácticamente no está dramatizada la oposición de ambientes rural-urbano. Unos de los pocos cuentos en los que esta cuestión llama la atención es en aquél y en "Don Chaparro". En éste está muy marcada la presencia de la ciudad en una lectura que practica un niño, Elpidio:

"-Mi ciu... dad es her... mosa, hermosa, es... tá ador... nada, adornada por grandes e... di... ficios." (p.41)

Esta lectura se convierte en un marco cuando vuelve a aparecer al final del relato. De modo que no puede tomarse como un elemento circunstancial y motiva diversas interpretaciones. Por una parte está la visión idealizada de la ciudad, que es inculcada desde la escuela y que se induce a asumir como propia en ese posesivo "mi". Aquí tendríamos bastante para comentar acerca de contenidos educativos que estarían menospreciando la propia cultura del niño. Inmediatamente después de la voz de Elpidio, quien lee aquellas frases, casi deletrándolas, se oye la voz coloquial, con vulgarismos, del abuelo: "se está poniendo feo pa'l sur", expresando una especie de abrupta ruptura del espacio utópico.

      Más tarde, cuando don Chaparro logra dar con su nieto extraviado por la tormenta, lo encuentra atontado y repitiendo como un autómata, las frases de aquella lectura que estaba practicando a la mañana, casi como si se tratara de un conjuro. Elpidio se está impregnando de otra cultura diferente de la suya y se extravía, casi pierde la vida; Don Chaparro en cambio, está dotado del conocimiento necesario para adaptarse a un ambiente hostil.

      El tema de la hostilidad del ambiente vuelve, como dijimos, en "Los perros salvajes". Compadre, el perro abandonado por Aníbal, desconoce a su dueño y llega a amenazar su vida. Pareciera mostrarnos cómo el abandono de la tierra, de los "pagos", puede transformar a alguien de tal modo, que no sea identificado por su propio perro. Ha perdido la identidad ante el animal. Y es aún más potente la imagen de esa jauría capturando a Aníbal, llevándolo a las rastras e intentándolo meterlo en una vizcachera: es decir, como si estuvieran intentando devolverlo a la tierra que dejó. El simple pocito que Shishilo hace en la tierra en el comienzo de la antología, se convierte en un agujero mortal en el final de la primera parte del libro.

      Es notable, sin dudas, esta circunstancia de que un "simple" ordenamiento o reordenamiento de los textos de una antología puedan adquirir un significado especial. Es lo bueno, como señalábamos al principio, de la reedición de una obra muy preciada en esta provincia, una ocasión que debe celebrarse, no sólo por la posibilidad de reencontrarnos con viejos y queridos relatos, sino porque (como más o menos intentamos ejemplificar en este artículo) podemos además encontrar nuevos siginificados. Sin dejar de mencionar, claro, la otra circunstancia positiva: que se abre la posibilidad de que nuevas generaciones de lectores conozcan esta obra que resalta por mérito propio dentro del corpus literario clásico santiagueño.

(1) Por algo a Dante Fiorentino lo suelen llamar Shishilo.

(2) No por casualidad, obtuvo por "El padre" un premio en un concurso nacional que llevaba el nombre de Horacio Quiroga, uno de sus autores admirados, creador del famoso decálogo que nuestro escritor dice haber seguido siempre a pie juntillas, con los resultados que todos conocemos.

(3) La crónica periodística reciente acerca del trabajo en condiciones precarias de trabajadores rurales temporales, por ejemplo, nos hace confirmar que el "tema" no está agotado y que todavía necesita de un cronista que dé cuenta de ello.

(4) Mempo Giardinelli habla de ciertas rémoras que habrían sido las causantes del desprestigio en que cayó el criollismo: "reiteradas manifestaciones de simpleza esencial: descripción casi fotográfica; personajes elementales; asuntos previsibles; texturas simplistas y planas; lamentables intenciones moralistas." Y es casi como si hubiera hecho una suerte de anti-definición de los textos de nuestro autor. ("Una meditación sobre el cuento criollista en la Argentina del fin del siglo XX", Anales de Literatura Hispanoamericana, 1998, nº 27, pág.64)

Antología Jetona

por Heraldo
martes, 18 de enero del 2011 a las 19:15
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Antología Jetona

Presentación del primer libro del grupo La Jeta Literaria

Acordes literarios (2)

por Heraldo
sábado, 01 de enero del 2011 a las 18:38
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Acordes literarios (2)

Algunas de las presentaciones de Walter y Oscar Ortiz Vieyra en Santiago del Estero

Acordes literarios

por Heraldo
sábado, 01 de enero del 2011 a las 18:30
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Acordes literarios

          El 28 de diciembre de 2010, en el Recital Poético Musical que organizó la escritora Sandra López Paz en la sala anexa del paraninfo de la UNSE, Walter Ortiz Vieyra y su hermano Oscar (también escritor y músico) presentaron un extracto de su espectáculo "Acordes literarios". Durante la presentación, Walter comentó al público que tenían la intención de llevar su arte este verano a la costa atlántica. En una charla posterior, comentaron que ellos consideraban haber armado un espectáculo lo suficientemente digno, de buen nivel, para despertar interés del público de todo el país que visita las playas argentinas. En esa ocasión les dije que me parecía que tenían razón, que yo los veía muy integrados a ambos. Y siento que me quedé corto con el comentario. Por eso, decidí hacer este post, aunque más adelante Walter tendrá su entrada especial, como todos los escritores que pasaron por "El Unicornio". 
          Para quienes no tuvieron oportunidad de verlo, su espectáculo consiste en un Walter de pie ante un atril (como si se tratara de un cantante lírico frente sus partituras), siempre de cuidada apariencia (en otra época se le llamaría un dandi), y que lee, dice y por momentos declama (es uno de los pocos escritores que además de poseer talento sabe leer en voz alta, con el tono y la intención adecuadas) principalmente sus producciones literarias y algunas de su hermano. A un costado, Oscar con su guitarra eléctrica, ejecutada con virtuosismo, acompaña la lectura. Están integrados, sí, pero es poco decir para describir lo que ellos muestran. La música, con espíritu de improptu, no acompaña al modo de decidores (llamémosle) tradicionales como Oscar Cerasuolo, por nombrar a uno muy popular. Aquí la música no "sigue" a la letra, no se vuelve dramática cuando el texto es dramático ni es tierna cuando el texto es tierno. Si de acordes hablamos, diríamos que se trata de acordes disonantes. La música no se integra con el texto, no pretende subrayarlo, sino que da la impresión de ir por su lado, con vida propia, sin subordinarse. Incluso hay momentos en los que parece oponerse abiertamente, perturbar, estar demasiado alta, poniendo incluso en peligro la audición correcta de las palabras que Walter va enunciando. Los hermanos están juntos en el escenario pero parecieran estar en dos dimensiones paralelas, en dos mundos diferentes, en dos espectáculos independientes. Pero están integrados. Y no están integrados. Y esto no es una contradicción. Ambos enunciados son verdaderos. En algunos momentos (como en algunas pausas expresivas de Walter en las que la guitarra también parece respirar) uno alcanza a vislumbrar que sí están en la misma sala y que no se trata de una casualidad ni un error la forma en que los hermanos interpretan cada uno su instrumento. Pude presenciar varias de sus presentaciones en Santiago y la dinámica es la misma, así que es obvio que el espectáculo está previamente meditado, calculado. Cuando la música pareciera ir a contramano con el texto, cuando pareciera conspirar con él, en realidad está siendo su cómplice, lo está realzando a su manera; como no lo acompaña, sino que más bien lo atraviesa e intenta imponérsele hasta en el volumen, el oyente se ve obligado a concentrar su atención en lo que se dice y el resultado es que el mensaje se vehiculiza de una manera inusual, tan eficaz como la de Cerasuolo. Incluso hay una correspondencia en esa "discordancia" que el espectador presencia, y la discordancia entre el discurso de Walter y un discurso llamémosle oficial (no sólo en el sentido literario), que resulta cuestionado. Y en el encuentro del anexo del paraninfo, donde predominaron las voces tradicionales, esto se notó aun más. En este sentido, no hay dudas de que los "Acordes literarios" requieren un oyente especial. Habría sido muy interesante conocer el pensamiento de los escritores de la línea tradicional que estaban en la sala. Lo cierto es que gratifica ver que al menos, a pesar de que la propuesta de los hermanos Ortiz Vieyra es cualquier cosa menos complaciente, se los escuchó con respeto. No nos cansaremos de decir en el ámbito de "El Unicornio", que siempre es bueno que se puedan escuchar diferentes voces y se las respete. Es un signo indudable de madurez que es bueno descubrir en Santiago.

 

Día del niño

por Heraldo
domingo, 08 de agosto del 2010 a las 19:15
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Día del niño

DÍA DEL NIÑO (en el collage: Goya, Murillo, Van Gogh y Gómez Cornet)

      El año pasado, para esta misma fecha, en “El Unicornio” preparamos un programa especial con poesía y música referida a los niños. Así compartimos con nuestros oyentes canciones clásicas como "Dónde jugarán los niños" de Maná:

      Cuenta el abuelo que
     de niño el jugó
     entre árboles y risas
     y alcatraces de color
      Recuerda un río
     transparente si olores,
     donde abundaban peces,
      no sufrían ni un dolor

      Cuenta mi  abuelo
      de un cielo muy azul,
      en donde voló papalotes
      que él Mismo construyó
      El tiempo pasó y
      nuestro viejo ya murió
      Y hoy me pregunté
      después de tanta destrucción

      ¿Dónde diablos jugarán
      los pobres niños?
      ¡Ay ay ay!
      ¿en dónde jugarán?
      Se está quemando el mundo
      Ya no hay lugar (...) 

      Y también compartimos canciones que nacieron siendo textos literarios, como "Los ojos de los niños" de Blanca Irurzun (difundimos una de las versiones más conocidas, la de Horacio Banegas)

      Mi tierra tiene un río,
      todo un río antojadizo
      que si quiere llega al cielo 
      (“breves ansias de arbolillo”)
      y otras, el agua que lleva
      la bebería un arbolito.
      Un salitral tiene
      vidrio blanco quebradizo
      donde los ojos crean
      fantasmas de luz y vidrio.
      Pero lo mejor de mi tierra
      son los ojos de los niños.(...)

O "Palabras para Julia" de José Agustín Goytisolo (elegimos en aquella oportunidad la bella versión de Mercedes Sosa)

      (...) Nunca te entregues ni te apartes
      junto al camino, nunca digas
      no puedo más y aquí me quedo.

      La vida es bella, tú verás
      como a pesar de los pesares
      tendrás amor, tendrás amigos.

      Por lo demás no hay elección
      y este mundo tal como es
      será todo tu patrimonio.

      Perdóname, no sé decirte
      nada más, pero tú comprende
      que yo aún estoy en el camino.

      Y siempre siempre acuérdate
      de lo que un día yo escribí
      pensando en ti como ahora pienso.(...)

      También preparamos nuestras propias versiones de algunas poesías clásicas y nuevas, como las siguientes:

      TUS HIJOS

      Khalil Gibran, el escritor libanés, inicia este poema con una frase contundente que conmueve al lector en, al menos, dos niveles: en el nivel formal, en el del sintagma, con una estructura paradójica, de un sujeto y un predicativo idénticos pero que se niegan. Y en el nivel del contenido, dialoga y cuestiona una concepción (podríamos decir, eminentemente occidental), de la paternidad y aun del amor, como posesión.

      Con una estructura argumentativa, con un planteo de tesis, desarrollo y conclusión, Khalil Gibran nos enfrenta con una realidad que puede ser dura para muchos adultos: esto de pensar que somos "apenas" un vehículo de una entidad superior (el poeta se refiere aquí a la vida). Un niño, por más que esté en formación y necesite de apoyo y guía, es un ser independiente que merece ser respetado como tal, y su naturaleza se violenta con cualquier tipo de atadura, aun afectiva. Desde esta perspectiva, las ideas tales como "realizarse en los hijos", "vivir para o por los hijos", adquieren una connotación negativa, porque se ven como cargas, como mochilas, que ningún niño merece llevar.

      LOS NIÑOS TIENEN MIEDO

       Cuando en el año 2008, nos enteramos del fallecimiento de Verónica, la Verónica que Poldy Bird llevó a la fama a través de su primer libro de cuentos (allá por 1969), creo que todos los que disfrutamos de la literatura nos sentimos conmovidos. Aun cuando no fuéramos lectores de esta escritora en particular, aun cuando no comulgáramos con su estilo literario. Es que nadie puede permanecer indiferente ante esta inversión carnavalesca con la que nos sacude la vida, con mayor frecuencia de la que quisiéramos: el que un padre tenga que enterrar a un hijo suena a escándalo en el cosmos. Y si a eso le sumamos, el hecho artístico de aquel libro, "Cuentos para Verónica", que se convirtió en un best-seller instantáneo, y que aún hoy es recordado con cariño por miles de lectores, creo que la conmoción es mayor. Seguramente sin proponérselo, Poldy Bird había materializado la etimología (no confirmada) del nombre de su hija, y la convirtió en "verdadero ícono", en este caso del hijo amado, del amor maternal.

      Este poema que elegimos es una pieza dura, no fácil de digerir. Tiene esa apelación directa a la emoción, que muchas veces fue señalada como defecto por los detractores de la escritora. En respuesta a las acusaciones de sensiblería, ella decía que lo que en realidad hacía era poner en práctica su habilidad innata para captar e interpretar los sentimientos de los demás y abordar los temas desdeñados por otros escritores. ¿Poldy Bird buscaba la emoción fácil? ¿Manipulaba al lector? ¡Buen tema para la reflexión en algún otro post! Cabría preguntarse si no es esto acaso lo que todos los escritores hacen, en mayor o menor medida, con mayor o menor sutileza...

      NAHUEL - SUEÑOS COMO TRINOS - EL KARTING DE JUAN

      Por "El Unicornio" pasaron varios escritores de Santiago, que dedicaron una parte de su producción literaria a sus propias familias, y en especial a los niños. Uno de ellos es Hugo Ramírez (pronto tendrá su post especial en este blog), quien no pudo evitar conmoverse al referirse a su experiencia paterna, e incluso vimos sus ojos llenos de lágrimas cuando le hicimos escuchar las grabaciones que habíamos preparado. Se trata de tres de sus poemas, unidos a manera de tríptico literario: "Nahuel" presenta la experiencia de la espera del hijo, con todas las expectativas traducidas a su particular lenguaje poético; "Sueños como trinos" traza una suerte de retrato de sus hijos; y "El karting de Juan" un poema que nos gustó mucho, que contrasta tajantemente con los anteriores, por su forma (en el borde de lo prosaico) y contenido (una simple anécdota, que le permite al autor expresar de otra manera, indirecta, lo mismo que dicen los otros dos poemas), y que (según él nos contó) no suele leerlo en público por ser precisamente poco convencional, y dudar de la recepción que pueda tener.

      EL LÁPIZ

      Alfredo Vargas (otro escritor santiagueño, en este caso poseedor de una abundante y lamentablemente inédita obra literaria) nos mostró un par de poemas referidos a los niños: "Héroe" dedicado a su hijo y "El lápiz", en el que se traduce su experiencia en el ámbito de la educación. No sin dificultad, optamos por incluir éste en el blog, porque se refiere a un tema sensible, polémico si los hay, como es el de la educación. Y nos permite volver al planteo de Khalil Gibran, el de la libertad. Alfredo es simple y contundente al poner en evidencia lo que puede tener de negativo la escuela, o el concepto de "sociabilización" de una persona, en qué medida esa sociabilización puede implicar una no deseada carga de uniformidad, bloqueo de la creatividad, de la imaginación, adaptación a un sistema que privilegia lo material, lo utilitario...

      Desde El Unicornio siempre defendimos la idea del respeto por la diversidad de voces. Siempre escuchamos tratando de despojarnos de prejuicios, y tratamos de rescatar el valor de cada una, y aprender de cada una. Basta recorrer los posts de este blog, que de a poco y con esfuerzo vamos construyendo, para darse cuenta de eso. Sería bueno que los niños recibieran también de nosotros, los adultos, junto a los otros obsequios y mimos que podamos hacerles, en un día de origen comercial como el de hoy y todos los días, el respeto por su persona y la libertad para crecer.

Y ahora...¿qué?

por Heraldo
sábado, 31 de julio del 2010 a las 17:55
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Y ahora...¿qué?

        Cuenta Susana Lares que el título de su libro se originó a partir de una anécdota personal, una de las tantas vividas a lo largo de su carrera docente. La frase en cuestión en realidad cierra el cuento "Apocalypse after day", que cierta vez fue publicado en la edición de domingo de un diario local. Un ex-alumno de Susana, que había leído la publicación del texto, asomando su cabeza dentro del aula donde ella estaba dando clase, le dijo simplemente, a modo de comentario cómplice: "Profe, y ahora... ¿qué?", y se fue.
       La frase terminó dando nombre al libro porque, entre otras cosas, permite expresar ese rasgo de aparente inconclusión que suele definir a uno de los géneros narrativos abordados por la autora: el microrrelato. Es que su brevedad, la síntesis extrema, la elipsis marcada, hacen que aun los relatos con una estructura más tradicional, cerrada, dejen una sensación de algo que terminó demasiado pronto, de algo que podría continuar. El lector es inducido a preguntarse "y ahora...¿qué?" y a realizar una operación retrospectiva o prospectiva, el lector se ve compelido ya sea a completar la narración de final abierto, o a releerla para recuperar alguna clave perdida o simplemente experimentar de otra manera los mecanismos del relato, no por breve menos elaborado. Para mejor, esta sensación de inconclusión se acentúa en una serie de cuentos como esta o cualquier otra antología, porque cada pieza incluida se piensa como integrante de un todo coherente, que el lector habrá de elaborar conscientemente o no.
       En Santiago del Estero hay varios cultores del microrrelato, pero cultores en el estricto sentido de la palabra, que llegaron a publicar sus propios libros con un lugar privilegiado para el género, como Antonio Cruz con sus "Relatos mínimos" o Adriana del Vitto con su "Sexto sentido" (por mencionar a dos que visitaron El Unicornio).
       Como bien suele señalarse al tratar de historiar un género que parece tan nuevo, el microrrelato (también llamado minificción, microcuento, cuento hiperbreve, entre otras denominaciones) tiene antecedentes lejanos en los modernistas Rubén Darío o Leopoldo Lugones, en los vanguardistas, en las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, en Borges, y aun hay quienes incluyen los casos más remotos de las parábolas bíblicas o los orientales haikus, a los cuales podríamos agregar los romances viejos españoles (¡¿cómo olvidarse de la notable, y en gran medida curiosa, síntesis de "El prisionero"?!). Lo que es nuevo es el reconocimiento que ha alcanzado recientemente, merced al lugar concedido por revistas literarias, espacios académicos diversos, congresos, concursos, antologías especializadas; una legitimación institucional, en suma, que ha permitido que el "fenómeno" salga de su invisibilidad y marginalidad, y hasta se logre una mejor delimitación de su campo.(1) Más allá de la mayor o menor pertinencia de aquellos antecedentes señalados, lo cierto es que recién en estas últimas décadas el microrrelato ha experimentado un verdadero bum, como si recién hubiese encontrado el terreno fértil para desarrollarse. Cabría quizá preguntarse por qué. Acaso lo ayudó el prestigio resultante de todo su proceso evolutivo, que permitió a los escritores abordarlo sin temor a ser menospreciados por dedicarse a un “género menor" o por estar manifestando una presunta pereza creativa. Acaso podría tomarse este auge como una forma de adaptación de la literatura, tal como si de un especimen darwiniano se tratara, una forma de asegurarse la subsistencia frente a la competencia de la televisión (leer un libro como el de Susana, con su variedad de registros narrativos, es casi como hacer zaping, rehuyendo al aburrimiento de un solo canal) o de internet o el celular u otros dispositivos tecnológicos nuevos, en los que siempre ha de tener mayor éxito el texto breve, la imagen, el clip, y todo lo que tenga una posibilidad más sencilla de circulación. Acaso el microrrelato fue "rescatado" por el espíritu propio de la posmodernidad, que lo toma como un medio expresivo casi ideal, acaso es un simple signo de estos tiempos, con su tendencia a la inmediatez, al consumo rápido. Es que narrar en este formato es un narrar "sin protocolos", como diría Susana. O quizás debamos decir que no es que se narre sin protocolos, sino que estos no se hacen explícitos en el texto mismo, se ocultan; lo cual es otra de las marcas del microrrelato: esta cuestión de completarse necesariamente en lo extratextual.(2) No por casualidad "Sin protocolos" es el título de uno de los textos del libro de Susana, donde se hace una revisión de "La Cencienta", pero sin las complicaciones de su trama. Aquí la historia se des-nuda, es decir, pierde su nudo, no hay tensión, hay en cambio cierto apunte crítico no exento de ironía hacia algunos rasgos actuales de la cultura que harían imposible una actualización de este cuento infantil, y hacia la estructura del relato (y aun la verosimilitud interna), que extrema los desvíos de la trama hasta desembocar en un final feliz que bien podría haberse logrado de una manera inmediata, con la sola intervención de la magia de la que hace gala el hada madrina.


             SIN PROTOCOLOS
             La esperaba un conciliábulo urgente donde se trataría la supresión de diferencias y discriminaciones.
             Entonces el hada madrina decidió obviar lo del traje y peinado suntuosos, lo del carruaje y zapatito de      cristal...
             Y directamente unió en matrimonio a la Cenicienta y el príncipe.


       Se suele señalar como otro de sus rasgos, la búsqueda de la sorpresa. En realidad esto podría interpretarse no como un mero deseo del escritor de mostrarse como ingenioso (aunque probablemente algo de esto haya también) o de involucrar al lector en una propuesta lúdica, sino como el resultado de una manera diferente de mirar.(3) El escritor de microrrelatos mira lo conocido como si fuera nuevo, busca "redescubrir" las cosas. Por eso no es extraño que haya un permanente ejercicio de relectura de textos. Este espíritu revisionista es causa y consecuencia a la vez de estos relatos, los define. La propia Susana lo hace en su libro; aunque, es necesario aclararlo, no sólo en los microrrelatos sino también en los cuentos breves; ella relee fábulas y mitos ("Fábula", "El canto de Ulises", "Las veleidades del amor", "El escape", "Siesta santiagueña"), la Biblia ("Diciembre", "Como Moisés", "Frutos prohibidos"), cuentos infantiles ("Una fiesta privada", "El mar", "Pinocho"), el romance (aludido y estilizado en "Romance libresco"), pero también relee otras artes (el moisés de Miguel Ángel en "¡Habla!" o la Mona Lisa en "El regreso"), rasgos culturales universales ("El poder de la superstición", "El tesoro") y americanos ("Haciendo historia", "Piedra viva", "La apacheta", "Hombre/árbol") e incluso su propia historia (su familia aparece en "Nostalgia", su profesión docente, en "¿Qué?" "La clase").(4)
       La brevedad, la necesaria economía de recursos que hace que se prescinda de descripciones y caracterizaciones, dota al relato de un grado de generalización, que habilita una lectura de tipo alegórico o simbólico. Así, la mayoría de los textos de Susana Lares evitan los nombres propios y sus personajes son referidos como "la muchacha", "el hombre", "los chicos", "el indio", "el artista", "él", "ella".
       Párrafo aparte merece toda esta cuestión de la definición del género y sus características. La arbitrariedad y el carácter sentencioso de que hacen gala ciertos críticos, llegan a hacer pensar hasta en una suerte de lucha de poder en la que cada uno quiere tener la última palabra, apropiarse (¡adueñarse!) del objeto de estudio, manejarlo como si se tratara de un territorio a conquistar y donde se ha de clavar la bandera que acredite propiedad. Caer, por ejemplo, en el extremo de contar la cantidad de palabras, renglones o páginas parece una superficialidad e ingenuidad en el análisis de una obra literaria como ésta que nos ocupa. Intento de relativa validez el definir el microrrelato, enumerar sus características, y más aún presentar dichas características a modo de pautas o requisitos para que un texto pueda encuadrarse dentro del género, porque esto que hemos elegido llamar microrrelato tiene una flexibilidad propia de la literatura actual, que hace que cuestione la noción misma de género. En este sentido, habría que pensar como una contradicción la legitimación, la canonización; y éstas hasta podrían ser vistas como síntomas de agotamiento o al menos como un paradójico intento por encorsetar una forma expresiva que presuntamente nació con espíritu rebelde y cuestionador.
       Como comentario final, hay que destacar que los "cuentos breves" que incluye Susana en su antología, participan en gran medida de los rasgos mencionados anteriormente en una caracterización aproximada del microrrelato: la sensación de inconclusión, la elisión de elementos, la referencia a lo extratextual, lo intertextual, la relectura, la búsqueda de una perspectiva diferente, la generalización. Lo cual nos habla de una coherencia en la escritura, independientemente del formato elegido para narrar.
       De entre todos las piezas que integran "Y ahora...¿qué?", nos gustó particularmente "Mandatos de sangre", lo preparamos para difundirlo en la radio y lo presentamos a continuación, para que los seguidores de este blog tengan otra pequeña muestra del arte de Susana Lares.


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(1) En cuanto a la denominación más precisa para este género, el escritor e investigador cordobés David Lagmanovich, prefiere desechar el término "microtexto", que es demasiado amplio y trasciende lo puramente literario: "Si a todos los microtextos en prosa los llamamos microrrelatos, entramos en un campo de extendida confusión que nos impedirá definir adecuadamente las características del objeto de estudio. En cambio si entre los microtextos en prosa seleccionamos aquellos -que por otra parte parecen ser mayoría- en los que se cumplen los principios básicos de la narratividad -y a estos los llamamos microrrelatos, habremos dado un paso importante para delimitar la especie literaria a la que pertenecen, y estaremos en condiciones de describir un conjunto homogéneo de textos." ("Microrrelatos", en Buenos Aires-Tucumán: Cuadernos de norte y sur, 1999, pág.73)


(2) Laura Pollastri habla de "escritura insular no continente: El texto se sostiene en lo que está sumergido más que en lo que aparece en la superficie, una superficie mutante cuyos componentes se vigorizan y cambian con cada nueva aproximación." ("Desordenar la biblioteca: microrrelato y ciclo cuentístico" en Pablo Brescia y Evelia Romano -coordinadores-: El ojo en el caleidoscopio, pág.80)

(3) Con respecto a esto, podría hacerse una observación en el nivel de la técnica de la narración: La búsqueda casi permanente del efecto sorpresa se convierte en un problema en las antologías de microrrelatos, ya que esa recurrencia termina por predisponer al lector, lo pone en una suerte de estado de alerta y hace cada vez más difícil sorprenderlo. Lo cual, paradógicamente, a la vez debe agradecerse al microrrelato, si es que en su sustento ideológico realmente está el formar lectores que miren cada vez con mayor atención.

(4) Al respecto es significativo que Susana haya elegido un dibujo de Nelly Orieta (titulado "Cierta gente del NOA I") para la portada de la primera edición de su libro. En la pintura hay gente que mira y a la vez es mirada (por el narrador y por nosotros junto con él).

 

Susana Rosa Lares

por Heraldo
jueves, 15 de julio del 2010 a las 10:30
guardado en

En Té Literario en Casa del Inmigrante (19-06-10) (fuente: Nuevo Diario Web)

      Probablemente la palabra que mejor sirva para describir la primera impresión que uno recibe al conocer personalmente a Susi sea dulzura. Su voz es muy dulce, y resulta una caricia a nuestros oídos acostumbrados a las estridencias de la vida social actual; y en su momento, el Coral de las Salinas, bajo la dirección de Dady López, contó con ella para embellecer su sonido. Pero también su personalidad toda parece estar en correspondencia con su voz. Es difícil imaginarla perdiendo el control, salirse de sus casillas. Su mirada es dulce. En esos ojos pueden verse (según dicen, esto es perfectamente posible) el alma de una mujer comprensiva, que mira más allá de la superficie.
       "Pareces autosuficiente -cuenta que le dijeron una vez-; te veo como que puedes salir airosa de todas la situaciones. Pero están equivocados." Aclara que hay muchas situaciones que la golpean intensamente. Dice tener tendencia a la nostalgia, nostalgia de los años pasados, y este es un tema recurrente en su escritura. Es ansiosa, por eso la experiencia de la publicación de su primer libro, "Y ahora... ¿qué?", le resultó un tanto agotadora. Pensó que todo marcharía más rápido, que el proceso de edición sería más fluido, pero tuvo que poner a prueba su paciencia hasta llegar a tener en sus manos el primer ejemplar de su obra. 
       La idea de publicar nació en el 2009. En apenas un par de meses de las vacaciones de verano, escribió como 50 ó 60 microrrelatos. Carlos Artayer, su amado compañero de la vida, estimulándola y apuntalándola, le hablaba de la necesidad de tener el "oficio" de escritora. "A veces soy medio vaga", se disculpa ella. Prefiere el disfrute de otra forma, mirar la naturaleza, pararse a la orilla de un río, plantar...
       Es de escribir "a mano alzada", se sienta a escribir y termina de un solo tirón. Y lo hace con lapicera, no es de utilizar la computadora. Puede escribir en el dormitorio, cocina o living. Su inclinación hacia las Letras no es algo reciente. Seguramente en gran parte debido a ello es que siguió el profesorado de Castellano, Literatura y Latín. Pero recién desde hace relativamente pocos años, desde el 2004, decidió relacionarse de otra manera más activa con este arte de la palabra, y comenzó a participar con producciones propias en actos culturales de diversa índole, encuentros de escritores y concursos (su cuento "Hombre/árbol" obtuvo un premio nacional en Santa Fe). Además suele colaborar con la revista de la Cooperativa de Educadores Santiagueños.
       Susi ha tenido una vida rica en experiencias, anduvo por muchos lugares del interior santiagueño, por zonas rurales, y sus habitantes y ese paisaje, de naturaleza agreste, de ranchos, viviendas humildes, han quedado grabados en su mente y en sus ojos, "porque uno tiene que aprender a observar" (tal como ella misma dice). Y seguramente habrá sentido que este era el momento adecuado para comenzar a compartir esas vivencias, para dejar testimonio de todas aquellas cosas de las que fue testigo, que fue recogiendo con la mirada de los ojos y del alma.
       Compartimos a continuación un par de momentos de se visita a "El Unicornio", en los que eligió leer dos de sus textos, que vienen a ilustrar lo dicho en este pequeño perfil.

El lector

por Heraldo
domingo, 25 de abril del 2010 a las 20:05
guardado en

El lector

      Durante la visita del Dr.Rivas a "El Unicornio", se tomó como eje de conversación el tema del lector. Tomamos como puntos de partida para el diálogo algunas obras y autores clásicos: "Madame Bovary" de Flaubert, "El poema de los dones" de Borges y "Cartas de mamá" de Cortázar.
       No fue casual invitarlo para tratar dicho tema: quienes hacemos el programa de radio lo conocemos desde la época cuando era catedrático del Profesorado de Castellano, Literatura y Latín de esta ciudad, y si hay algo que nos impresionó siempre (como a la mayoría de los que lo conocen) es su calidad como lector.
       Desde luego, el abordaje de obras y autores como los mencionados no puede dar lugar a un análisis exhaustivo en los escasos 60 minutos de la emisión radial. Menos aun con el anecdotario rico que siempre despliega Rivas en sus charlas y que es apasionante escuchar.

MADAME BOVARY: LA INFLUENCIA DE LA LITERATURA SOBRE EL LECTOR
       ¿Cuánto puede influir la literatura en la vida del lector? ¿En qué medida puede transformarla? Cuando se piensa en esta cuestión se piensa inmediatamente en el caso de Don Quijote; es el ejemplo prototípico. Y seguidamente es posible que se lo asocie con su versión femenina francesa, Emma Bovary.

       Rivas: "Es interesante lo que hace Flaubert. Así como Don Quijote leía los libros de caballería del pasado y los quería trasladar a su tiempo y fracasaba, Emma Bovary lee libros románticos y quiere que el mundo en que vive, que no es para nada romántico, repita ese mundo imaginario. Entonces ella vive escapando permanentemente hacia adelante."

       En cierto modo, el éxito de los libros denominados "de autoayuda" son la prueba de que se cree que una lectura puede influir en la vida de las personas. Pensemos también en el "escándalo" de "El código Da Vinci", una novela que preocupó seriamente a la iglesia cristiana; en los libros que los totalitarismos de todas las épocas buscaron prohibir y aun destruir (en un nivel más dramático que el escrutinio de la novela de Cervantes); pensemos en las obras literarias que iniciaron géneros, corrientes y aun períodos culturales; en los fanáticos que hicieron lecturas particulares, distorsionadas, interesadas incluso. Los ejemplos se multiplican y el lector de estas líneas estará seguramente agregando otros ejemplos en su mente.
       Pero "Madame Bovary" también es ejemplo de la literatura, del arte, como evasión. En la novela se verifica un doble movimiento: primero de la literatura a la realidad. Esto hace que la realidad en que Emma vive, le parezca demasiado chata; y emprende entonces un segundo movimiento de vuelta a la literatura, esta vez para escapar.

       Rivas: "Esta es una de las vertientes de la lectura: el leer para escapar, el leer para evadirse; es un poco lo que ocurre ahora con internet o puede ocurrir también con la televisión. Por ejemplo, ¿por qué tienen tanto éxito las novelas en nuestro tiempo y sobre todo las novelas largas? Una persona me decía: 'Yo me meto en una novela de seiscientas páginas y durante seiscientas páginas estoy fuera de la realidad.' (...) Vive otras vidas, que ese es el secreto que da Vargas Llosa cuando le piden que explique de dónde surge el novelista y el dice: 'Muy simple, nosotros vivimos una sola vida; a través de la novela podemos vivir muchas vidas distintas'. Lo mismo cuando se la lee.
       "El momento de la lectura es un momento único. Veamos un ejemplo muy simple: Supongamos que alguien vive en un barrio de los alrededores de Santiago, una alumna a la que le dicen: vos vas a tener que leer para mañana, para la clase, el episodio de la cautiva de 'Martín Fierro'. Entonces esta chica sale de su casa, toma el colectivo, en el colectivo encuentra al chofer que maneja el colectivo, el rostro del que está sentado con ella, baja en la avenida Belgrano, se cruza con un vendedor, se cruza con la gente, tiene que esperar en una esquina, pasan autos, hay ruidos, llega y entra en la biblioteca, se acerca a una persona que tiene también un rostro, está vestida de un modo particular y le pide el 'Martín Fierro', lo buscan, lo encuentran, lo abre, y entonces se sienta esta chica en la biblioteca '9 de Julio' de Santiago del Estero, en la calle Buenos Aires, en una mesa posiblemente marcada, escrita por chicos y se pone a ver un episodio que está escrito por una persona que murió hace muchos años y que la escribió muy lejos de aquí y pensando en otra realidad. Digo el 'Martín Fierro', pero supongamos que quiera leer la 'Divina Comedia' o la Ilíada o la Odisea de hace 2000 años, o el Antiguo Testamento. En ese momento es cuando entra en contacto aquella época con esta, en ese momento se produce la magia (...). Aquel lejano autor, que tuvo su ilusión o lo que fuera y utilizó (esto es interesante verlo) el elemento más frágil que existe: la palabra, porque la palabra va cambiando de generación en generación, de persona en persona (como cuando con un apelativo cariñoso llamamos a un ser querido, tiene un significado especial para esa persona pero para los demás, no) (...)."

UN GRAN ESCRITOR, UN GRAN LECTOR

      A propósito de "El poema de los dones", nuestro invitado comentó, entre otras cosas:

      Rivas: "Borges fue director (de la Biblioteca Nacional) siendo ciego. Una gran paradoja. Y antes que él, varias generaciones antes, había sido director Paul Groussac, que también había sido ciego. Entonces se daba esa ironía tremenda y por ese motivo escribe este poema. Pero él me contó una vez que más tarde se había enterado, y le pareció más increíble, que el primer director, José Mármol, también había muerto ciego. Una gran paradoja, que tres ciegos estuvieran a cargo de una misma biblioteca."

      Mucho se ha debatido y reflexionado acerca de las cualidades innatas de un escritor (así como las de cualquier artista). Dejemos de lado la cuestión de si el escritor nace o se hace, y llevémosla al plano de la lectura: el lector ¿nace o se hace? (yendo, desde luego, más allá del mero aspecto mecánico).

      Rivas: "Creo que una persona tiene 'tendencia para'. La alfabetización sin formación, que es lo que se ha multiplicado lamentablemente en esta sociedad de consumo en que vivimos, es pernicioso al máximo."

      Se podría decir que la falla está en un desarrollo incompleto, superficial, de la competencia lectora. Probablemente don Quijote y Emma Bovary no habrían sufrido los golpes que sufrieron en sus vidas, si hubieran sido "mejores" lectores. Si no he desarrollado mi capacidad para leer más allá del texto mismo, el contexto, paratexto, entre líneas, las connotaciones, los posibles niveles semánticos, segundos y terceros sentidos, seguramente me encuentre en una posición de vulnerabilidad.

      Quiénes hacemos "El Unicornio" ejercemos la docencia en instituciones de esta ciudad, y frecuentemente escuchamos opiniones acerca de lo que la escuela debería hacer con los niños y jóvenes de hoy. No es la culpable de todos los males, no es la única responsable de la formación de las personas, ni es una panacea que va a solucionar los problemas de accidentes de tránsito, adicciones, contaminación ambiental, corrupción, desintegración familiar, etc., etc, pero sin dudas le compete dar las herramientas necesarias para aprender a leer todo tipo de textos: desde decodificar adecuadamente las señales viales hasta captar la intencionalidad de un simple discurso coloquial, cotidiano, de alguien que nos ofrece un trago, hasta un discurso político o publicitario.             Ahora bien, en cuanto al texto específicamente literario, nos preguntamos: ¿cómo se debe enseñar la literatura?

        Rivas: "A ese libro cuando me lo hicieron leer en la escuela no me gustó porque era una obligación; pero después, cuando crezco pasa el tiempo, ahora lo leo y me gusta. (...) Los textos son a veces perniciosos, terribles, cuando a los chicos se les quieren leer textos que son aburridísimos. Yo creo que para la lectura hay que crear un poco la necesidad, el interés."

      En realidad, esta situación que prácticamente todos conocemos admite al menos dos interpretaciones. Por un lado está la cuestión del cuestionamiento de las autoridades propio de estos tiempos, que hace que el docente sea visto (sobre todo a partir de la adolescencia) como alguien a quien hay que oponerse a priori, alguien de quien hay de desconfiar por el solo hecho de ser un adulto. Lo mismo para la escuela misma, como institución. Esto es así: es diferente que a un libro lo recomiende un par, a que lo recomiende un adulto. Pero por otro lado, está la indudable necesidad de adecuar las lecturas, como dice Rivas, a la necesidad e interés de los alumnos; sin que esto signifique, claro, resignarnos a pensar que necesariamente se van a aburrir con un texto clásico o complejo, o que vamos a tener que leer solo "Harry Potter". Ni subestimar a los chicos ni pretender imponerles el gusto por algo.

      Rivas: "Borges decía algo, el padre lo decía y él lo tomaba, si vos empezás a leer un libro y no te interesa, dejalo, eso es fundamental.

      "La motivación que tendría que aparecer en la escuela o sobre todo en los grandes medios de quienes imponen los modelos: ¿Cómo se puede estimular a una generación de lectores? Muy sencillamente. Eso ocurrirá cuando las personas que tengan presencia pública importante se conviertan en lectores. ¿En qué reside la gran revolución de Sarmiento? Cuando él demuestra que el presidente de la república es un lector, y que lee y que escribe, entonces es un modelo a seguir. Ahora bien, si aparece una actriz y empieza a contar sus romances con fulano, con mengano y sutano, y es una pregunta recurrente que aparece en los medios, y no hay nadie que le pregunte qué está leyendo... Fíjense que cuando Chávez le entrega a Obama "La venas abiertas de América Latina" de Galeano, se convierte en un super best-seller internacional, ocupaba el puesto 60.000 y pico en Amazon y pasa a ser el 2º por el hecho de que la gente ve, de que hay alguien que lo está mostrando. (...) Los pueblos copian los modelos de quienes tienen el poder de imponerlos. (...) Si el modelo es bueno, la respuesta de la gente va a ser buena (...) Es una cosa muy simple. Si pongo como modelo a un jugador de fútbol que dice malas palabras, que aparezca en tv y lo sigan los medios (puede ser un artista o un político) qué podemos pedir como resultado de los que están abajo, evidentemente imitan eso, creen que ese es el modelo. ¿Por qué si ellos hacen eso yo no puedo ser así?"

      Sin dudas, el tema del lector da para mucho más, pero quisimos al menos dejar testimonio de una parte de la charla con el Dr.Rivas y reflexionar a partir de ello. El lector de nuestro blog, seguramente hará ejercicio de su propia competencia y tendrá mucho más para decir...

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Shishilo (HeraldoP)
Gracias por leer, Raúl. Fijate que en el artículo se hace referencia en el primer párrafo a "Cara ......(06 ene)
Shishilo (Raúl Jorge Lima)
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José Andrés Rivas (2) (ester azubel)
Siempre  tuve curiosidad por leer el cuento de Rivas premiado en España. Me parece un muy buen ......(16 jul)
Pablo Jesús Gramajo (Lourdes Alvarez)
Hola Pablo, estuve en diciembre haciendo una entrevista en la 9 de julio a tí y unos compañeros de ......(22 feb)
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